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ALEJANDRO Y MARÍA LAURA. Bajo el cielo azul de marte.


Dos en la carretera. hasta el fin de la eternidad. En “paracaídas”, novios en la carrera, compañeros de vuelo en salto mortal. En “fiesta para los muertos”, contrayentes de un compromiso con la vida. Y cuando “la casa no existe”, pareja de baile ancestral. La extraña pareja. sin uniformes. Saltando de tronco en tronco, mientras sigue sonando el mismo vals. Dos nombres entrelazados y una conjunción copulativa. Encuentro de dos mundos. dos amantes. Del oficio, autores. cantantes de hecho. matrimonio armónico. dúo sentimental. Sin otro nombre propio que sus propios nombres. “Madre padre marte”, Alejandro y María Laura. de par en par.

Escuchar vuestras canciones es como leer un diario personal muy íntimo. ¿No hay pudor en mostrarse tan abiertamente? M.L: Para nosotros, escribir canciones siempre fue un acto íntimo y terapéutico. Yo soy pudorosa. Muestro mucho menos de mi vida en redes sociales de lo que muestra la mayoría. Sin embargo, en las canciones, trato de entregarme sin mucho filtro. Admiro la libertad y la honestidad cuando la encuentro en otros artistas.

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María Laura y Alejandro. Foto: Pablo Ruiz

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Alejandro y María Laura. Foto: Pablo Ruiz

Ambos estudiasteis Comunicación Audiovisual y Artes Escénicas. ¿Tuvisteis siempre clara vuestra vocación? A: Sí. Aunque sentía que también podría haberme dedicado a escribir o a dirigir películas, estaba mi parte de compositor y cantautor que recién empezaba a desarrollar en una banda de rock. M.L: Yo no sabía si me quería dedicar a la música o al teatro pero sabía que me quería dedicar a algo creativo. De hecho, mi trío vocal de jazz, lo tomaba más como un entrenamiento. No me veía cantando canciones que no eran mías toda la vida.

¿Vuestra formación os lleva a implicaros de una manera especial en vuestros videoclips? A: Con el tiempo, hemos ido creyendo menos, no en el valor artístico del videoclip (tal vez en eso todo lo contrario) sino en el valor promocional. En ese sentido, hemos virado hacia creaciones más artesanales y presupuestos más bajos. Y ahí ya no nos metemos mucho porque tratamos de hacerlos siempre con gente a la que admiramos. Como el de “Algo tiene que estar mal” hecho por David Carrasco. M.L: Sí, el que más colaboró con nosotros es Brian Jacobs, un buen amigo y nuestro roommate en un momento. Nos encantó trabajar con él y su manera de ver las cosas.

¿Cómo empezasteis a cantar juntos? A: Nos conocimos en un momento en el que nos hicimos mucho bien el uno al otro en lo creativo. Yo sentía que cuando le mostraba mis canciones a María Laura, ella las llevaba a un sitio que siempre me sorprendía. Si las llevaba a mi banda ya sabía lo que me iban a decir. M.L: No comenzamos a cantar juntos pensando que lo íbamos a hacer de manera profesional. Fue algo muy espontáneo.

¿Intentaron quitaros la idea de la cabezaM.L: Mi padre me sugirió estudiar una carrera “paracaídas” pero yo, que era post adolescente, no le hice caso. Tuve grandes maestras artistas, referentes para mí como creadora, y me lancé sin miedo a la muerte. Quizá, si hoy tuviera una hija de 18 años queriendo estudiar música en Perú, también le diría que se amarrase a un flotador. La industria musical sigue siendo muy difícil allá.

¿Y cómo fue eso de lanzarse en salto mortal sin paracaídasA: Cultivamos un público propio y fuimos parte de una escena musical peruana independiente que fue posible gracias a las redes sociales pre-algoritmo del demonio y pre-spotify. No teníamos idea de lo que estábamos haciendo pero estábamos construyendo algo nuestro muy personal y tuvimos suerte que hubo gente que conectó.

Empezasteis colaborando el uno en los proyectos de la otra y viceversa. ¿Se ha mantenido esa forma de trabajo a lo largo del tiempo? M.L: La forma de trabajo siempre cambia porque nos aburrimos, pero también porque cambia el contexto. En el primer disco no vivíamos juntos. En el segundo sí. En el tercero, como no teníamos casa estuvimos en las de amigos y familia. En Cusco, Buenos Aires, Lima, Córdoba. Y en el cuarto disco, ya teníamos a nuestra hija y tuvimos que dividirnos el tiempo para crear. Su presencia inspiró pero también nos hizo organizarnos de otra manera.

¿Cómo empezasteis a componer juntos? A: Las primeras canciones compuestas entre los dos fueron para una obra de teatro para niños. Teníamos el guión y los personajes y fue muy fácil. Descubrimos que no era difícil crear juntos, así que decidimos hacer lo mismo para nuestro propio proyecto.

¿Y ”Matrimonio” es siempre una idea de dos? M.L: “Matrimonio” es la primera canción que compusimos peleados. Nos gustaba mucho la música pero no nos gustaba la letra. Entonces nos juntamos para tratar de encontrar algo. Alejandro lanzaba una idea y a mí no me gustaba. Yo lanzaba otra y a él no le gustaba. A: Pero no fue una pelea de separarnos, viviendo en casas distintas. Fue una pelea intensa pero de un ensayo. Los dos nos ofendimos con el rechazo del otro y empezamos a verter eso en la letra. Así como si fuese un pimpón.

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María Laura y Alejandro. Foto: Pablo Ruiz

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Alejandro y María Laura. Foto: Pablo Ruiz

La vuestra parece una historia de amor construida sobre un continuo cuestionamiento del mito del amor romántico, de la maternidad y de los roles en la pareja. M.L: No sé. Es algo a lo que todavía le sigo dando vueltas. Cuando éramos más jóvenes tenía otra idea sobre el amor y no tenía mucha conciencia sobre el feminismo. Sabía algo pero no lo sentí en carne propia hasta que no nos convertimos en padre y madre y nos dimos cuenta de lo difícil que es criar. Antes yo nunca sentí ninguna diferencia por ser mujer. Nunca me sentí distinta de Alejandro, en la banda, en los roles creativos… Siempre estuvimos a la par en todo. Hasta que llegó Aurora y ahí fue como ¡craaaass!… bueno en nuestro disco está. A: Antes de ser padre yo no me sabía machista. Entendía que el machismo estaba a través de mí, porque vengo de una sociedad machista, un país machista… pero yo no me sabía machista, en ningún sentido. Me tocó ser padre para darme cuenta lo arraigado que tenía el machismo en mí y en nuestra relación. Los primeros tres años, de una manera más intensa, fue como revaluar las cosas de pareja, los roles y las labores.

Hay una canción Querido hombre del Perú” en la que María Laura decide ponerse seria y canta sin música, sin adornos. M.L: Cuando presentamos la canción en el lanzamiento del disco, hice un ejercicio de recopilar testimonios de diferentes mujeres sobre la crianza, preguntándoles si la compartían con sus parejas, para hacer una edición entrelazando sus voces, sus diferentes texturas. Y lo quería hacer para que la canción no quedase en un “esta es mi experiencia”. Por eso digo “del Perú” aunque perfectamente podría haber sido “del planeta Tierra”.

Esta canción ya se incluía en un EP anterior que se llamó solamente Madre”… A: Nuestra idea inicial era lanzar tres EP, “Madre”, “Padre” y “Marte”, y que juntos conformasen como esta trinidad marciana, maternal, paternal. Pero por una cuestión de torpeza pandémica, de distribución, de tiempos cortados, todo se desdibujó. M.L: Al final solo lanzamos Marte y ya cuando íbamos a lanzar Padre y Marte, había pasado tanto tiempo que decidimos ir con el disco completo “Madre Padre Marte”.

¿Y qué es Marte? A: Marte era como la unión y el conflicto. Marte representa la guerra y también nuestra hija, que tiene, como cualquier niña de seis años, un poco de amor y un poco de guerra adentro, cuando reta a la autoridad. Y por otro lado, Marte también tiene que ver con lo estilístico. Sentimos que siempre tuvimos un lado más Marte, con una sonoridad completamente distinta. Marte son los temas que, como el que cantamos con Andrea Echeverri, no entran en el formato de cantautores.

Pero hay más Marte en el disco. Hay una canción que dice “Bajo el cielo azul de Marte”. A: Sí. Siempre he sido muy fan de “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury. La canción se inspira en el relato “Ylla”. Por lo menos, como narrativa y como ambiente. Hay algo muy interesante en esa mirada retrofuturista de los años 50, sobre una sociedad marciana pero con unos roles de pareja muy arraigados, en donde se dibuja la fantasía sexual de una mujer. Es este conflicto entre tradición e inconformidad, lo que ha definido nuestro último disco.

Resulta sorprendente como existiendo en vuestras canciones un manifiesto afecto a lo peruano, exista a la vez una celebración del desarraigo. En una canción llegáis a decir No quiero volver a Lima”. M.L: Hace poco la horrible presidenta que tenemos dijo algo, igualmente horrible, cuando hubo muchas protestas y muchos muertos por una represión muy violenta en Puno. Dijo: “Puno no es el Perú”. Y yo quiero decir que es al revés. Para mí “Lima no es el Perú”. Yo le tengo mucho amor al Perú pero no le tengo mucho amor a Lima, como creo le pasa a cualquier limeño o limeña. Lima es una ciudad que genera sentimientos de amor y de odio. Por eso “No quiero volver a Lima”. Pero sí quiero volver a Perú. Siempre. A: Yo sí le tengo mucho amor a Lima. Pero siento que Lima y a grandes rasgos el Perú, nos lo han puesto bien difícil para quererla.

¿Es eso lo que os ha llevado a vivir fuera de Perú? A: Siempre he pensado que a nuestro proyecto le podría ir mejor fuera de nuestro país que dentro. Cuando nos volvimos padres, sintiendo que Perú es un país sumamente machista e inseguro nos mudamos a México. Y entonces sentí que México también es un país machista e inseguro. Y eso que a nivel de industria musical, tal vez México sería el sitio donde deberíamos estar. Pero claro, nuestras prioridades cambiaron mucho. Ahora nuestra prioridad es que nuestra hija pueda crecer tranquila, sintendo que tiene las mismas chances, derechos y posibilidades que un chico. Eso fue tal vez lo que nos trajo acá, a España. Como un ideal.

Llegáis a Europa, un sitio que en una de vuestras canciones decís que no existe. ¿Qué es lo que determina la existencia de algo? A: Yo últimamente ando pensando que todo es ficción, que nada importa realmente tanto pero que es lindo entrar al juego. M.L: Realmente las fronteras y los países son una ficción, son un acuerdo entre personas. Cuando el año pasado fuimos a Ecuador por primera vez, si no hubiese sabido que estaba en Ecuador hubiese jurado que seguíamos en Perú. Son países que se dan la espalda porque alguien se inventó una frontera.

¿Qué os ha sorprendido más en este nuevo destino? A: Me encanta la seguridad como peatón. No deja de sorprenderme y no dejo de agradecerlo. Y me gusta mucho ver gente mayor disfrutando en la calle. Quizá sea una idealización pero veo mucho disfrute. en general. Veo muchos amigos juntos. Y siento que es un poco lo que nos hacía falta. M.L: En la canción “Algo tiene que estar mal”, hay una parte que dice “no puedo darme el lujo de hacerme vieja para descansar”. Eso es algo que pasa mucho en nuestro país y en toda Latinoamérica, donde lamentablemente las personas mayores no tienen buena vejez. Acá vemos que los señores mayores se siguen juntando, siguen sonando la guitarra, siguen cantando y tomando vino. Quizá no conocemos todavía y estamos idealizando pero es una vejez que nos gustaría tener a nosotros.

 Europa, España y concretamente Valencia. Un lugar que por las temperaturas bien podría ser ese planeta rojo al que cantáis. ¿Es esta Valencia-Marte el destino final o es solo una escala hasta llegar a otro destino? A: Siento que es un terreno que estoy pisando más fuerte que lo que pisé México. Igual amo México. Pero creo que los tres estamos sintiendo que podría ser un destino, no sé si final, pero por lo menos sí más a largo plazo. Una vez te pica ese bicho de viajar es difícil dejar de hacerlo.

En otra canción decís quiero escaparme a otro planeta, quitarme el casco en una atmósfera desconocida y ver si ahí también se puede respirar”. Imagino que un cambio de planeta como el que acabáis de hacer va acompañado de muchas miedos e inseguridades. M.L: Sí. Los primeros meses, es como cuando te bajas del barco y todavía sientes que estás sobre el mar. Ya estás en tierra firme pero todavía sientes que se mueve todo. Yo sentía tal cual eso estando ya acá en Valencia. Como que ya llegamos pero que mi cuerpo me decía otra cosa.

Paradójicamente Bradbury describe el planeta rojo como “un desierto de vaga arena azul”. ¿Azul como aquel Mundo azul, lejos de la ciudad y de la realidad” del que queríais salir en vuestro primer disco? A: Quitándole la poesía a la canción, para mí el azul es como un filtro. Como que si en otro planeta ves algo que te recuerda de dónde eres, en este caso el planeta Tierra, sientes que puedes respirar, que puedes vivir, que te puedes acostumbrar, a pesar de las costumbres marcianas. Y creo que España tiene suficientes cosas, para empezar el idioma, que a uno le hace sentir que no es tan distinto y se puede adaptar. M.L: Pero eso que dices del mundo azul y la burbuja, quizás también. Quizás estamos viniendo a vivir en una burbuja lejos de la realidad de nuestro país. Y nos cuesta. Seguimos al tanto de lo que pasa en Perú pero sentimos que estando allá no podíamos hacer mucho más por cambiar esa realidad. Y que estando acá vamos a poder seguir componiendo canciones que es desde donde finalmente comunicamos.

Hayáis llegado o no a destino, el éxito de la expedición planetaria está asegurado si seguís excitando mutuamente vuestra imaginación. ¿Qué es lo que más os inspira? M.L: Creo que es la vida. La vida cotidiana y el poder estar atentos y atentas, a lo que nos está pasando. Si hay algo en las canciones que hemos hecho, es haber estado atentos a lo que sentíamos y a lo que vivíamos en el momento, y a nuestro contexto. Hacerle caso y sacarlo, ponerlo ahí, en la música, en palabras. Aunque a veces pasa que no estamos en ese estado mental de conexión y se nos podría pasar la vida sin observar, sin procesar lo que está al frente.

Y todo lo que hemos hablado ¿se va a ver reflejado en las próximas páginas de ese diario de viaje íntimo que son vuestras canciones? A: Sí. Ahorita estamos componiendo una canción que creo resume muy bien. En el coro dice “Yo no pasé por aquí, aquí pasó por mí”. Me gusta pensar que tal vez, tenga relación con lo que dice María Laura, con eso de estar atento. No es que pases por acá y ya está. Tienes que hacer que el sitio pase a través de ti. Me gustaría que nuestra actividad de trotamundos nos salpique un poco del mundo. M.L: Sí, que nos transforme.

¿Y el título del próximo disco? A: Creemos que se va a llamar “Dos hemisferios”. Sí. Ahí va.

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María Laura y Alejandro. Foto: Pablo Ruiz

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María Laura y Alejandro. Foto: Pablo Ruiz

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