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EL GRITO SILENCIOSO / MILLARES SOBRE PAPEL

El Centro Botín presenta «El grito silencioso. Millares sobre papel», la primera exposición dedicada íntegramente a los trabajos sobre papel de Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926 – Madrid, 1972). Concebida única y exclusivamente para el Centro Botín, gracias a esta muestra es posible disfrutar de numerosas obras inéditas y descubrir su trabajo a través de cuatro espacios que dividen de forma cronológica las diferentes etapas creativas de Millares. 

Comisariada por Mª José Salazar, miembro de la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín, la muestra se inscribe en la línea de investigación encaminada al conocimiento y difusión del dibujo en el arte español iniciada por la Fundación Botín en 2006. Considerada una de las facetas más interesantes y fecundas de los grandes maestros de nuestro país desde el siglo XVI hasta nuestros días, el trabajo de la Fundación Botín se plasma en una línea editorial pionera, que pone en valor la obra en dibujo de los grandes maestros españoles, y en una serie de exposiciones monográficas dedicadas a los artistas objeto de la investigación, como es el caso de esta muestra de Manolo Millares.

MANOLO MILLARES Sin título, 1964. 66 x 50 cm. Monotipo sobre papel adherido a tablex. Colección particular.

MANOLO MILLARES. Sin título, 1964. 66 x 50 cm. Monotipo sobre papel adherido a tablex. Colección particular.

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Exposición de Manolo Millares. Vista de sala. Foto: Belén de Benito

La exposición, para cuyo desarrollo se ha contado con el apoyo y la colaboración de la familia del artista, podrá visitarse en el Centro Botín entre el 8 de junio y el 15 de septiembre, y reúne una selección de 100 trabajos que recorren cronológicamente la producción y las distintas etapas de Millares, aquellas que evidencian el nuevo concepto del dibujo que surge en esos momentos a nivel mundial y del que él es un claro exponente. Así, pueden verse creaciones de sus inicios en 1946, un tanto académicas, pasando por algunas de sus composiciones surrealistas, sus obras de influencia guanche y sus pictografías, hasta centrarse en la producción que desarrolla entre 1955, cuando se traslada a la Península, y 1971, meses antes de su temprano fallecimiento; obras de gran fuerza y personalidad, que le llevan a ser considerado uno de los creadores más importante de su época.

Manolo Millares, cofundador del grupo El Paso en 1957, —junto a otros grandes artistas españoles como Antonio Saura, Manuel Rivera o Rafael Canogar—, y célebre por el uso de arpilleras, sacos, cuerdas y otros materiales en sus obras, es transgresor y brillante en sus trabajos sobre papel, como lo es en toda su producción. Es el impulsor de un cambio conceptual en el dibujo, considerado como una disciplina menor, al romper con un método que hasta entonces había permanecido anclado en España en los cánones del siglo XIX. El artista canario incorpora los cambios de las vanguardias internacionales en sus trabajos sobre papel, en una obra en la que predomina y se valora el gesto, la fuerza y el pensamiento, rompiendo con todo lo establecido.

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Exposición de Manolo Millares. Vista de sala. Foto: Belén de Benito

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Exposición de Manolo Millares. Vista de sala. Foto: Belén de Benito

Toda su producción está basada en su entorno y es, sin lugar a dudas, un artista comprometido y en lucha constante con su momento histórico, social y cultural. Pertenece a ese grupo de creadores españoles que, con una infancia marcada por la guerra, surge en los oscuros años cincuenta conformando un movimiento que levanta la voz, mediante su obra, ante la situación social del país.

En su producción se pueden distinguir cuatro etapas: una primera autodidacta, de inicio y formación, de dibujo académico, naturalista (1945 – 1948); una segunda entre la investigación y la búsqueda, expresionista (1948 – 1954); una tercera de consolidación e innovación plena, en la que el trazo es ya testimonio vital (1955 – 1963); y una cuarta (1964 – 1971) de plenitud, denuncia y fuerza, en la que su obra finalmente alcanza la madurez y abre un camino nuevo al dibujo en nuestro país.

Millares abre con sus dibujos una nueva forma de expresión, anulándolo como disciplina dependiente de las otras artes: en aquella época, el dibujo era utilizado para manifestar de manera sencilla y espontánea un proceso mental ligado en todo momento a la pintura o la escultura, como soporte primero o boceto de origen de la obra, por lo que era considerado un trabajo menor. El artista propicia un cambio no solo conceptual, sino en su aspecto externo, en el que el trazo y el gesto adquieren primacía frente a la línea, espontánea (exceptuando sus primeros trabajos, anteriores a su llegada a la Península en 1955), con un claro predominio del sentimiento sobre la mera apariencia.

El dibujo se libera para dar paso a obras en las que prima el color, aplicado incluso con pincelada gestual, expresionista. Se representan objetos o paisajes, pero sin cerrarse en la forma, y se prima, por encima de la similitud o la apariencia, su poesía o su musicalidad, su expresión y comunicación. Prevalece, por encima de la representación, el pensamiento, la idea.

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Exposición de Manolo Millares. Vista de sala. Foto: Belén de Benito

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Manolo Millares. Autorretrato, 1953. © Manolo Millares. VEGAP, Santander, 2019

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Manolo Millares, Eva, 1966. © Manolo Millares. VEGAP, Santander, 2019

MANOLO MILLARES Sin título, 1966. Pintura sobre papel. 70 x 95,5 cm. Colección particular. Foto: Joaquín Cortés

MANOLO MILLARES. Sin título, 1966. Pintura sobre papel. 70 x 95,5 cm. Colección particular. Foto: Joaquín Cortés.

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Exposición de Manolo Millares. Vista de sala. Foto: Belén de Benito

Centro Botín. Santander
Hasta el 15 de septiembre de 2019
www.centrobotin.org

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