Sumergidos en la reflexión sobre lo que nos está pasando, en medio de la tendencia actual de desconcierto (que todos sufrimos), nos vemos impulsados a hacerlo alrededor del fuego, del proceso exotérmico manifestación visual de la combustión y de la evolución de la energía en forma de luz y calor. Para el ser humano supuso la superioridad a través de su domino, no sólo como fuente de calor y defensa, también como principio generador de técnicas. Los humanos han sabido usar la energía del fuego en su provecho, para extraer la energía de los materiales que proporciona la naturaleza y la posibilidad de moldearlos a su gusto. Si bien la mano ha sido la herramienta principal del hombre para la construcción de la actual cultura material, el fuego también tiene parte de responsabilidad, ya que la mayor parte de fisonomías de los objetos en Europa quedaron establecidas a mediados del siglo XIX.
La tecnología influyó decisivamente en el concepto de modernización, en la conciencia de estructura social y en la concepción de sus productos, a través del diseño concebido como arte entroncado a la industria, a la relación entre ideas estéticas e innovaciones tecnológicas. Hoy planeamos sobre la coyuntura del diseño particularmente tocado, porque el conflicto sigue siendo el de una sociedad (la nuestra) basada en la innovación y una sociedad que niega la innovación. Se trata de la colisión entre una sociedad moderna y una sociedad que afirma su derecho a no ser moderna, colisión entre tener proyecto y negarlo sistemáticamente.
Pero volvamos al fuego y a su genética a través del binomio naturaleza y artificio, por su fuerte evocación de aquellas reflexiones hechas por Gillo Dorfles hacia 1968 , las que tanto influyeron en la justificación del valor innovador del mismo. En las mismas aparece el fuego en medio de las reflexiones del objeto creado por el hombre y el objeto natural. Porque uno de los primerísimos impulsos que el hombre sintió fue la de crear objetos, esas cosas materiales debidas a una manipulación directa de cualquier sustancia presente a nuestro alrededor que conduzca a la formación de algo distinto de lo que existía con anterioridad(2) a esa vasta categoría de cosas materiales que nos rodean y que existen por el simple hecho de haber sido producidas por el hombre.
La importancia del objeto creado por el hombre reside en ser una prolongación, de extrinsecación (aquello impropio al ser humano y externo a él), como resultado de su constitución físicopsíquica, pero que ha necesitado del fuego como facilitador tecnológico. Y éste es el centro del problema que aquí nos interesa: llamar la atención del lector sobre el hecho de que hoy, como nunca, vivimos en un mundo donde la importancia de los objetos que nos rodean se ha vuelto casi tan grande como la de la naturaleza que nos ha creado, de la que está constituida nuestro planeta. Por ello, podemos analizar nuestra sociedad, nuestro diseño, teniendo en cuenta este universo objetual y artificial del que ya no podemos desvincularmos; del que debemos ser conscientes, como apunta Gillo Dorfles.
En el más refinado instrumento de precisión de nuestros días deben de concurrir dos características: la de estar investido de una función y la de envolver, englobar, encapsular dicha función mediante un aspecto externo que debe asumir características más o menos constantes. Pero la peculiaridad del objeto industrial actual es su rápida obsolescencia, el precoz desgaste de su forma, debido más a razones de mercado que a razones técnicas. La rapidez del consumo, y por ende la inestabilidad formal propia del objeto industrial, se debe más a razones de moda; de modo que las transformaciones en su forma (incluso notables) pueden ser totalmente gratuitas y debidas a factores de competencia, de mercado, de publicidad.
Al respecto, como ejemplo de lo comentado, y dentro del leit motiv (fuego) de este número de d[x]i, valgan los resultados del Prix Emile Hermè. Les sens de l'objet, destinado a apoyar la innovación y a promover jóvenes talentos cuya reflexión prospectiva conduzca a la evolución de nuestra sociedad y sus estilos de vida. Su punto de partida El despilfarro de los recursos naturales, la explosión demográfica, basado en el consumo excesivo, el modelo de vida occidental, impuesto a los países emergentes, es puesto en tela de juicio. Nuestro sistema de valores se va invertir, nuestros usos se transformarán, hará falta crear de productos adaptados, me ha permitido observar propuestas en esa dualidad función y envolvente a través de dos requisitos ineludibles para la Fundación Hermès: el entorno (por un desarrollo duradero), y las destrezas.
La dualidad Naturaleza y Artificio que Gillo Dorfles planteara en 1968 y que mantiene su modernidad y vigencia actual. En una primera fase, creo reconocer en la mayoría de proyectos la consideración de objetos creados como instrumentos capaces de potenciar y prolongar las facultades operativas del individuo. En una segunda, objetos concebidos para formar parte de nuestro bagaje (background), de nuestro entorno (entourage), de nuestro ambiente (environment).
Las propuestas nos posicionan ante objetos totalmente artificiales, creados ex novo, la mayoría con materiales nuevos o tratados de manera tecnológicamente nueva y capaces de constituir, intentando cosificar algo inmaterial como es la temperatura, resultado tangible del fuego. Bastaría este último hecho para convencernos de la importancia del diseño en la determinación de nuestra relación con la naturaleza, considerarlo como estrategia del hombre en la reconquista de un justo equilibrio entre elementos de una naturaleza metamorfoseada y elementos de una objetualidad creada artificialmente, en este caso mediante el dominio de fuego, su materialización en distintas dimensiones. La evidencia de la novedad técnica en los proyectos ha exigido a los objetos resultantes la denuncia de dicha novedad sin recurrir al styling (elemento camuflaje y de exaltación publicitaria), recurriendo a otros aspectos constitutivos de una nueva cosmesis, inevitable y necesaria para hacer apetecible, entendible… a todo producto.