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LEGADO INFINITO

¿Qué sucede cuando una marca de moda histórica pierde a su director creativo? ¿Mantener el legado fijado por su fundador o renovar a favor de las exigencias del público? Todo ello, incita a un recorrido lo que el fundador representa para una casa de moda, el traspaso de decisión a favor de un nuevo aprendiz y su posterior evolución. 

Como punto de partida debemos decir que todo diseño, lleva adscrito una identidad surgida por el imaginario de su director creativo. Unos códigos, que se transcriben en la decantación hacia una silueta especifica, un color fetiche, e inclusive, la proyección de la vivencias y principios del propio diseñador. En sí, todo conjuga una imagen y legado que constituyen los cimientos de una marca. La incógnita surge después, tras el fallecimiento o partida de su fundador, dejando así, una marca varada a falta de capitán.

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Gabriel Chanel, Collage: © Eduardo Cuevas

Ante esta problemática, se plantea la búsqueda de un nuevo guía, pero ello, no quita el temor, no calma la incertidumbre de un camino que se bifurca antes dos tentativas; actualizar el legado heredado u optar por mantenerlo. Si miramos con perspectiva, podemos constatar que ante esta pregunta surge de forma generalizada una simbiosis entre las dos opciones. Una retroalimentación de los códigos dados, y a la vez, una redefinición y adaptación hacia la demanda actual, habiendo una mayor decantación sobre la segunda en pos del beneficio de la marca.

CHANEL

Uno de los casos más ejemplificadores en el mundo de la moda se dió en la histórica casa Chanel. Una marca conocida por la reestructuración de la silueta femenina con fundamentos como la practicidad, el minimalismo y el lujo sofisticado. Unos principios que defendió ferozmente su fundadora Coco Chanel hasta el fin de sus días. Claro está, con el transcurso de los años las demandas del público al igual que la moda fueron evolucionando. Ante este cambio, la propia Chanel no llegó a comprender del todo el espíritu juvenil imperante en los 60’s, definiendo a su insignia, la minifalda como “simplemente desagradable”.

Este hecho auguraba un estancamiento de la marca, que con el posterior fallecimiento de su fundadora en 1971, propiciaría una necesidad imperante de replantear y adaptar el legado de Chanel a favor de los nuevos tiempos. Fue sin duda, con la llegada del conocido káiser de la moda, Karl Lagerfeld en 1983, cuando estas peticiones fueron escuchadas y al fin Chanel resurgiría del olvido. Su audaz visión supo saciar dichas demandas, y a la vez, perpetuar los códigos heredados, otorgando a la marca un aire fresco ya no solo a través de nuevos cortes y la constante rememoración de los emblemas, sino además, convirtiendo su tradicional y comedido desfile en un espectáculo de masas. Continuando con ejemplos más actuales, debemos nombrar a un coetáneo y a la vez némesis de Chanel, Paul Poiret.

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Kar Lagerfeld, Collage: © Eduardo Cuevas

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Paul Poiret, Collage: © Eduardo Cuevas

POIRET

El modisto predilecto de la belle époque parisina, que iniciaría la transformación en la silueta de la mujer a principios del s.xx con su desmarcamiento del estructurado corset a favor del movimiento. Caracterizado por un estilo de inspiración oriental, sus prendas de silueta fluida y esbelta transmitieron un aire rompedor en la época y a la par ensalzaban el aire desenfadado y evasivo de entonces con su estilo teatral. Pero los días de vino y rosas llegaron a su fin con la Primera Guerra Mundial, y con ella, el inicio de su decadencia. Tras el fatídico fallecimiento del diseñador en 1944, su marca quedaría anegada al olvido y no sería hasta 2015 cuando se volvería hablar del relanzamiento de casa Poiret. Reapertura, dada por grupo coreano Shinsegae International y con la diseñadora Yiqing Yin a la cabeza de la dirección artística. Mirando de forma anaítica a su aportación en la casa Poiret, cabe destacar la perfecta fusión entre la estética orientalista innata del diseñador francés y lo orgánico y sutil que ofrece su propia aportación. En definitiva, Yiqing Yin ha sabido traducir el legado en el gusto por la fluidez, e innovación en siluetas propias del principios de siglos, a través de un estilo depurado y deconstruido.

De una forma más próxima, esa fluctuación de conocimiento entre el bagaje fijado por maestro o antecesor y la novedad del aprendiz, también puede verse en marcas de gran recorrido histórico de nuestro país.

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Yiqing Yin, Collage: © Eduardo Cuevas

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Loewe, Collage: © Eduardo Cuevas

LOEWE

Siendo la marca de lujo Loewe, una de ellas. Marca fundada en 1846 cuya especialidad se basa en la marroquinería, con una línea de bolsos como sello de prestigio y calidad, con modelos icónicos como el Amazonas. En concreto, este modelo fue ideado en 1974 por el diseñador italiano Dario Rossi. Marcó una ruptura para los estándares del lujo de la época en el país. puesto que no contaba con forro, sus costuras no se ocultaba, el logo queda señalado en el exterior facilitando la divulgación de la marca, y sobre todo, contaba con mayor capacidad que el bolso tipo de la mujer española. En sí, ya no sólo simbolizaba la practicidad, sino, era un reflejo del cambio estructural en una sociedad donde la vida laboral de la mujer iba forjándose. Independiente, aunque su éxito no empequeñeció, al igual que los casos nombrados anteriormente, la imagen de Loewe empezaba a estar encasilla en cierto público y generación.

Para solventar este problema, la renovación llegaría de la mano del diseñador J.W Anderson. Este diseñador de origen irlandés, insufla un aire de modernidad a Loewe a través de la ideación de un diseño más estilizado y conceptual. No sólo revitalizando una línea de pret a porter, cuya presencia suscitaba poco interés en el público, también, creando un nuevo emblema para la casa Loewe, el bolso Puzzle. Este producto de marroquinería, demuestra la perfecta fusión entre la tradición de Loewe e innovación de J.W.Anderson, a través de su estructura cúbica que permite plegar el modelo y su elaboración artesanal propias de Loewe. Y al igual que su antecesor el icónico modelo Amazonas, el diseño de J.W. Anderson responde a la necesidad del momento, a través de un diseño práctico y compacto, solventando la necesidad actual de amortizar el espacio.

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J.W.Anderson, Collage: © Eduardo Cuevas

 

BALENCIAGA

La historia de Balenciaga ofrece el caso más radical. La casa fundada en 1937 por Cristóbal Balenciaga siempre se caracterizó por la experimentación en las formas, sus volúmenes arquitectónicos y todo ello en un marco refinado. En 1968 la casa cerraría y no sería hasta 1992 cuando se reabrió al público. A partir de entonces hubo un transcurso de directores creativos como Nicolas Ghesquière o Alexander Wang. En sí, el legado del modisto quedaba transcrito a través de la rememoración de su obra y en líneas generales en un estilo clásico . Esta práctica cambiaría de forma drástica en 2015 con la llegada de Demna Gvasalia, porque al igual que Loewe, Balenciaga buscaba redefinir su imagen.

Gvasalia, otorga al legado de Balenciaga un discurso más politizado y a pie de calle, alejándose del clasicismo precedido. Y al igual que su maestro Cristóbal Balenciaga, Gvasalia explora la renovación de la silueta y el volumen, pero en su caso de una forma más mordaz, con la aplicación de una moda sin género, un estilo urbano y diálogo visual entre las clases altas y bajas.

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Tom Ford, Collage: © Eduardo Cuevas

GUCCI

Por último, un caso peculiar es el acontecido en la casa Gucci. Su historia comienza en 1921, con una pequeña tienda en Florencia con la venta de productos de cuero elaborados de manera artesanal y siendo su línea de complementos la estrella de la casa italiana. A pesar de su gran éxito internacional, los conflictos familiares hicieron mella propiciando su apresurada venta a finales de la década de 1980. No sería hasta la llegada de Tom Ford en 1994 cuando Gucci resurgiría de sus cenizas.

Realmente, Ford sería quien constaría el inicio del legado que sentaría los cimientos que el público ha asociado a Gucci. Todo ello, a través de una imagen atrevida, sexualizada y en sintonía con el minimalismo imperante de los 90. Su sucesora Frida Giannini en su caso, renegó de la fijación sexual y optó por retornar los códigos clásicos de la casa; el Bolso Bamboo, el estampado floral, su franja bicolor. Y por último, la llegada de Alessandro Michele y como giro brusco y al contrario de Ford, la apuesta es maximalista, y la rememoración de la herencia parte de una estética retro y naif. Podemos constatar, que cada sucesor en este caso ha reescrito los principios de Gucci desde cero, una clara actuación que expone la adaptabilidad que tiene que tener la moda para su perpetuación.

Por ello como recapitulación, una marca histórica tiene la constante presión de adaptarse a las demandas. Porque en sí, la figura del fundador es como un maestro cuya misión reside en transmitir su conocimiento. Y su sucesor como alumno, lo asimila y a la vez fundamenta sus propias ideas en pos de las necesidades eventuales. Un diseñador no deja de aprender, su conocimiento no se perpetúa de forma estanca, se renueva, tiene la habilidad de ensalzar lo aprendido y a la vez aportar su visión. Y tal vez, en esa evolución una marca de moda de gran recorrido parece desmarcarse hacia direcciones inhóspitas, pero realmente busca la adaptabilidad y el constante aprendizaje engrandeciendo aún más su legado.

Tom Ford, Collage: © Eduardo Cuevas

Alessandro Michele, Collage: © Eduardo Cuevas

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