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AUTO DE FÉ

Dancing with the flames Dancing with the flames a fiery gypsy’s dance – Fire in our hearts, fire in the trees, fire on the sky… Touched with fire we want to catch the flames…. Dancing with the flames we feel the rainbow fire, we feel the fire’s warmth, we see the fiery lady dancing with the gypsy’s so magical, so dangerous… We feel the breath of fire’s world, we feel the spirit of the fire, we hear the rhapsody of the fire’s wild flames… Krystyna Maria Postawa. 

El fuego es un elemento que desde siempre ha acompañado a los estallidos de tensión social. Se ve que cuando la gente está muy quemada quiere ver arder algo: A lo largo de la historia la ira popular ha reducido a cenizas palacios, iglesias, bancos, cárceles y comisarías… pero también museos y cines y ultramarinos (una vez iniciado, el fuego no discrimina, y a veces pagan justos por pecadores).

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Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: Pablo Ángel Lugo

Seguramente por su larga tradición contestataria -recordemos su precoz revolución de 1789 y las revueltas de mayo del 68- y por su espíritu moderno, han sido los franceses los que han puesto de moda una variante de este fenómeno: la quema de coches, símbolos por excelencia de la sociedad de consumo y bienestar. No queremos aquí quitarles mérito a los irlandeses del Ulster ni a la kale boroka de Euskadi, pero lo de Francia en octubre del 2005 no tiene parangón: después de que una persecución policial resultara en la muerte de dos jóvenes, en sólo un par de semanas unos 10.000 vehículos ardieron en la periferia de París y en muchas otras ciudades francesas. Las pantallas de televisión se iluminaron con las imágenes de los automóviles convertidos en antorchas y el gran eco mediático parece que provocó un efecto llamada.

Hoy en día, el fenómeno ya no representa sólo una válvula de escape para el malestar social, sino que se ha convertido en una especie de programa de acompañamiento de algunas fechas clave en el calendario, como la fiesta nacional del 14 de julio (con un promedio de 500 coches quemados), la noche electoral de la victoria del presidente Sarkozy -los 730 vehículos calcinados seguramente fueron un homenaje de la “chusma” al hombre que, cuando era todavía ministro del interior, la tildara como tal- y Noche Vieja (alrededor de mil para celebrar San Silvestre). Es un espectáculo eminentemente nocturno por razones obvias: tampoco se le ocurriría a nadie quemar las fallas de Valencia a plena luz del día; no se verían tan bien las llamas de todos los colores fruto de los múltiples materiales inflamables empleados en la construcción automovilística. Y por otro lado, la oscuridad facilita la labor a los autores, tanto a los valientes que utilizan un cóctel Molotov, como a los que lo son menos y colocan una pastilla de encendido de barbacoa junto a una rueda y ya están a una distancia segura cuando la llamita inicial se ha convertido en bola de fuego.

Por cierto: que nadie piense que el que suscribe sabe de estas cosas por experiencia propia. Ésta se limita a unos cuantos coches de juguete quemados con una cerilla en la más tierna infancia, y la bronca de mi madre, que tuvo limpiar el hollín pegajoso que se depositó en toda la casa, me condicionará toda la vida.

Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: Pablo Ángel Lugo

Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: Pablo Ángel Lugo

En fin, no todos tienen ese trauma infantil y así la facilidad de ignición y la amplia disponibilidad de material combustible en nuestras calles (resulta curiosa la despreocupación con que “abandonamos” en la vía pública a nuestro animal doméstico más preciado -por lo menos a juzgar por el esmero con que algunos lo cuidamos-: un bien privado al fin y al cabo) han hecho que la moda francesa se haya ido extendiendo a otras latitudes, como por ejemplo a la capital alemana, donde el año pasado ardieron varios centenares de vehículos.

Al ser pillado, uno de los pirómanos automovilísticos confesó ante el juez que sus actos se dirigían contra el número creciente de pudientes residentes nuevos procedentes de Alemania del Oeste que gracias a la gentrificación invadían su barrio de toda la vida y que, por tanto, él sólo había quemado coches de gran cilindrada. De modo que en este caso no se trata de una reacción ciega ante la violencia difusa del sistema sino de una protesta más bien enfocada a determinadas personas pero que, en vez de atentar directamente contra ellas, utiliza un objeto interpuesto. Y mira que a veces da ganas de reaccionar ante la provocación física, acústica y estética que, independientemente de quién sea su dueño, supone la invasión de susodicho objeto en nuestro espacio vital. Y aunque los motivos no siempre sean de índole social o contestaria -tampoco olvidemos el gamberrismo puro y duro, el fraude al seguro contra-incendios y la venganza personal (“sé dónde vives y dónde aparcas tu coche”)- parece que el ejemplo francés sigue creando escuela no importa dónde nos encontremos: metrópolis, capital o provincias.

Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: Pablo Ángel Lugo

Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: Pablo Ángel Lugo

A título de ejemplo, la provincia de Girona registró en el año 2010 un total de 570 víctimas, y hasta la ciudad autónoma de Ceuta con sus apenas 70.000 habitantes consiguió el año pasado la nada despreciable cifra de 250, una buena media. Y ahí, al igual que sucedió en la bastante pirómana Valencia hace unos años, hay quien atribuye la última oleada de incendios de coches en el enclave español a la rivalidad entre bandas que se desafían para ver quién consigue quemar más. Además hay quien, por consiguiente, ya propone la inclusión del carburning entre las disciplinas olímpicas. Habría un sistema de puntos según la importancia y la dificultad del objetivo alcanzado: a mayor precio de venta del vehículo, más puntos; una furgoneta de los antidisturbios contaría más que una autocaravana; el papa-móvil daría automáticamente la medalla de oro…

Como alternativa, y para no seguir contaminando el aire con negras humaredas, ni continuar sembrando las calles de siniestros esqueletos oxidados y, sobre todo, para evitar que aunque sea por efecto dominó paguen justos por pecadores (un comentario en un foro de internet sobre el tema decía muy bien que no era ético quemarle el coche a un currante, y ¿qué decir de la gente cuyos recuerdos impregnados en los asientos traseros, cartas de amor olvidadas en la guantera, etc. quedan calcinados irremediablemente?), mi sugerencia a los programadores de videojuegos de hacer algo al estilo de Grand Car Theft. Para encontrarle nombre al nuevo juego no hay que estrujarse mucho los sesos: sería Grand Car Burn. Para resolver los demás asuntos sin recurrir al fuego, no obstante, el concurso de ideas se presenta difícil.

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Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

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Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES” Dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

Pasos a seguir en el proceso de montaje de la Serie de dibujos: “DANCING WITH THE FLAMES”


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Pasos a seguir en el proceso de montaje Serie de dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

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Pasos a seguir en el proceso de montaje Serie de dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

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Pasos a seguir en el proceso de montaje Serie de dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

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Pasos a seguir en el proceso de montaje Serie de dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

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Pasos a seguir en el proceso de montaje Serie de dibujos: PABLO ÁNGEL LUGO

DXI45 FIRE/FUEGO
Primavera 2012

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