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LAS MENTIRAS VERDADERAS DE CHEMA LÓPEZ

Hace aproximadamente un año, el pintor Chema López (Villanueva de la Jara, 1969) recibió el encargo de enlazar la obra de tres escritores de origen valenciano: Max Aub, Rafael Chirbes y Eduardo Hervás. Malditos hasta cierto punto y escorados a la izquierda. El resultado puede verse en la sala de exposiciones de la biblioteca del Institut Valencià d’Art Modern. 

De los tres escritores que López toma para su intervención, el malogrado Eduardo Hervás (Valencia, 1950-1972) es, con toda seguridad, el menos conocido. Con apenas un par de libros publicados, y ambos postmortem, fue un poeta oscuro influido por las lecturas de la época: los telquelianos (Foucault, pero también Denis Roche, fotógrafo amén de escritor) o el marxismo tout court. De él supimos por los editores de Pre-Textos a mediados de la década de 2005, cuando emprendimos una búsqueda en torno a los orígenes del sello. En efecto, Hervás, que no llegó a participar en su fundación, fue sin embargo su inspirador. La muerte se lo llevó antes de que esto ocurriera.

Su amigo el crítico y traductor Manuel Arranz -asimismo vinculado a los orígenes de dicha editorial, que dio sus primeros pasos con un libro de circunstancias proporcionado por el historiador de la medicina José María López Piñero- guardó una carpeta con diversos materiales que López ha podido aprovechar, y mostrar, en su investigación sobre el personaje. En ella había desde notas con apuntes en torno a la revolución soñada a libros o ejemplares de la revista Cinéthique, vehículo de expresión de los cineastas soixante-huitards.

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

Hervás, como tantos otros intelectuales del momento, estuvo muy interesado en el cine. Fruto de este interés fue el cortometraje en el que participó con la escritura del guión titulado Orfeo filmado en el campo de batalla. En él vemos a sus entusiasmados actores, unos jovencísimos Luis Puig o Maite Larrauri entre otros, pasar bajo el marco de una puerta instalada en plena calle. Una puerta que, al final –como ha hecho notar López en una de las pinturas que forman parte de la muestra–, queda cerrada. Simbólicamente cerrada.

Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949-2015) se nutrió de mucho cine durante toda su vida, desde los primeros años como bachiller en Salamanca donde descubre a los nuevos directores del cine español de los sesenta, como Carlos Saura, hasta el final. Casi tanto como de literatura (Proust, Galdós, pero también los existencialistas: Camus, Sartre o Unamuno); Historia, muy particularmente la escuela de los Annales de Bloch y Lefebvre (pero también de Fernand Braudel); o pensamiento político, fundamentalmente marxista, con autores como Arnold Hauser (su Historia social del arte y la literatura deviene en lectura fundamental de sus años en la Complutense), Lukács o el propio Marx.

El caso de Chirbes pudiera parecernos otro, pese a que en los últimos años de su vida se vio halagado con premios y el reconocimiento general de la profesión; sobre todo en Alemania, donde fue vitoreado por Marcel Reich-Ranicki, el crítico literario más popular e importante, verdadera luminaria, tal y como pudimos comprobar en libros como Siete precursores. Escritores del Siglo XX, en torno a Kafka, Brecht o Musil.

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

Quedaba atrás la polémica que suscitó la primera novela de nuestro escritor en verdad importante, la realista La larga marcha (1996), en torno al fracaso de la Transición, atacada por el benetiano Ignacio Echeverría y defendida de inmediato por el galdosiano Antonio Muñoz Molina. Pero también libros que él consideraba fallidos, como En la lucha final. Novelas como Crematorio o En la orilla, donde arremetía contra la corrupción con -lo que no es menos importante- un estilo literario muy cuidado y en ocasiones sorprendente, fueron, estas sí, unánimes: Chirbes se consagraba como un escritor de primera fila en su propio país.

Sin embargo, Chirbes queda como un maldito. No como un maldito decimonónico, con todos los tópicos al uso, sino más bien como a la manera de Hervás o Aub, tercera pata de esta exposición, o ensayo. Perdedores de una guerra y de un sueño, aun desde posiciones ideológicas distantes entre sí (Aub le dirá a Buñuel en el transcurso de una de sus entrevistas que se considera socialista; y que, por tanto, se tiene por más “liberal” que un comunista).

Chirbes se ocupó de Aub; en fecha tan temprana como1966, un joven Chirbes descubrió su teatro en una representación de No. Un interés que no decaería, reflejado en los ensayos que le dedica en la introducción que escribe para Vida y obra de Luis Álvarez Petreña (1999) o en El novelista perplejo (2002).

Max Aub (París, 1903 – Ciudad de México, 1972), siendo el más conocido, o citado, muy citado (“Uno es de donde hace su bachillerato”, poco más), no lo es tanto. Un inquieto Rafa Prats tuvo que ponerse en marcha para escribir una primera biografía, aparecida en 1978. Más tarde, Manuel Aznar Soler, Carmen Peire o Ignacio Soldevila se han encargado de poner orden en su obra, recuperada en parte por la Biblioteca Valenciana con motivo de su centenario a comienzos de la década pasada.

Podemos comprobar ese desconocimiento en las páginas de La gallina ciega, los diarios que redactó durante su visita a España en 1969 con la excusa de seguir trabajando en su biografía sobre Buñuel, un trabajo que quedó inédito en vida del autor. En aquellos días, Aub se siente frustrado: no sólo las generaciones más jóvenes no lo conocen (amargo resultará su encuentro con estudiantes en una flamante librería Viridiana, situada en aquel entonces en el pasaje Artis), sino que esa España que visita, en pleno boom del turismo, ya no es la suya. Quedan la nostalgia (determinadas calles de Valencia; el busto de Vives en la antigua Universidad Literaria), el desconcierto y cierto mal humor.

Despojado de su papel principal durante la guerra civil (negociaciones con Picasso para la realización de Guernica, colaboración con André Malraux en Sierra de Teruel), convertido en prácticamente un desconocido, siente en sus carnes la ingratitud y, lo que es peor, ese paso del tiempo que ha borrado las huellas de lo que para él fueron hechos capitales en la Historia reciente del país. Esos mismos revolucionarios sesentayochistas que fueron a escucharlo a la librería Viridiana emprendían su propio camino; los mismos que al final se toparon con la puerta cerrada. Tal vez debieron de escuchar a sus mayores. El rescate de los escritores del exilio, como todos sabemos, empezó a fraguarse mucho después.

Así pues, no sólo la España oficial, como es natural, se desentendió de tantos y tantas como Aub o María Zambrano, pese a que en ocasiones -tal como hizo notar Fanny Rubio en Las revistas poéticas españolas, 1939-1975– tuvieron la oportunidad de ver publicados sus trabajos en revistas como Ínsula o Papeles de Son Armadans. Los intentos de reconciliación, así como la colaboración con las generaciones más jóvenes, resultaron difíciles, por no decir inexistentes. Hubo excepciones (la relación entre José Ángel Valente y Zambrano, por ejemplo), pero poco más.

MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

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Chema López & Rafa Martínez

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MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES CHEMA LÓPEZ Biblioteca del IVAM

A todo ello alude López en esta exposición: al sueño frustado de la libertad, arrebatado por la guerra; a la sempiterna corrupción, que muestra con una pintura de vanitas en la que una mosca hace las veces de símbolo fatal; a la vuelta, como en un bucle, del mal sueño de los totalitarismos, tal que hoy mismo. Pero también a la fijación de un relato histórico propio de una dictadura. Que el propio Aub, posmoderno avant la lettre, deconstruye. Jugando: reproduciendo el que hubiese sido su discurso oficial de toma de posesión en la Real Academia Española, con contestación incluida de Juan Chabás. El asunto de la modernidad truncada en las artes, y su posterior recuperación, asoma por aquí de nuevo.

Para la muestra, Chema López ha realizado una serie de pinturas en blanco y negro apropiándose de imágenes existentes, tal y como es habitual en su obra: un retrato de Hervás reproducido en la contraportada de Intervalo, el libro que publicó Hontanar con portada de Eusebio Sempere; un extracto del mecanoscrito corregido correspondiente a Campos de almendros (publicado en México por Joaquín Mortiz, el sello del hijo de Enrique Díez Canedo, otro ilustre exiliado), de Max Aub; una pintura de vanitas que alude a la descomposición y a la corrupción de un país, o el gran lienzo en que reproduce uno de los fotogramas de Orfeo filmado en el campo de batalla.

Además, el pintor se ha puesto en la piel del historiador: ha acudido a las fuentes y a los estudios; ha leído y anotado los libros, que luego ha dispuesto en vitrinas; ha trazado una muy peculiar cronología (¡Viva Camarón!); y ha sacado unas conclusiones que, a la postre, tampoco quiere imponer a nadie. Son las “mentiras verdaderas” a las que aludía Rafael Sánchez Ferlosio, pero también Aub con cierta frecuencia: ¿dónde empieza la realidad y dónde la ficción? Cualquier espíritu avezado puede hacerlas suyas o rechazarlas, o hacer las matizaciones que quiera. El tema se presta a ello.

MATERIA Y MEMORIA EN AUB, HERVÁS Y CHIRBES
CHEMA LÓPEZ
Biblioteca del IVAM
Hasta el 16 de junio de 2019

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