stories, Wunderkammer
Leave a comment

KÄTHE KOLLWITZ, ENTRE LA INSATISFACCIÓN DEL SER Y EL DOLOR POR LA GUERRA

Miembro de la Secesión de Berlín, Käthe Kollwitz fue una artista alemana (Königsberg, 1867 – Moritzburg, 1945) que tuvo la fortuna de ver reconocido su trabajo. Obtuvo el éxito de público y crítica, pero también sufrió la pérdida de un hijo durante la Primera Guerra Mundial, hecho que acrecentó su dolor y dio pie al remordimiento. Hoy es justamente una de las figuras más populares del arte alemán de entresiglos. 

En esta edición de sus Diarios (seleccionada, prologada y traducida por J. Rafael Hernández Arias) llegamos a conocer un poco más a la artista que destacó por sus representaciones figurativas de escenas (realizadas a través de medios como el grabado o la escultura) donde aparecen, la mayor de las veces, gentes que sufrieron escasez y penuria. Tales eran sus simpatías.

Como su marido, un médico llamado Karl, Käthe Kollwitz mantuvo siempre una posición política moderada; se sentía socialdemócrata. Y aun así, o por ello mismo, apoyó la idea de que sus dos hijos se alistaran para participar en la Gran Guerra, la misma cuyo fin celebramos estos días (extraños días, sin duda) teñidos de un incomprensible rebrote nacionalista.

“Nunca más guerra”, 1924

“Nunca más guerra”, Kathe Kollwitz 1924

KÄTHE_KOLLWITZ

Diarios 1908-1943. Käthe Kollwitz Edición de José Rafael Hernández Arias Hermida Editores, 2018

Kollwitz tomó la decisión de comenzar estos diarios en 1908 debido a la depresión que sufría. En aquel entonces no le bastaba el arte, en el que vuelca sus inquietudes. Como su marido, que con frecuencia vuelve tarde a casa porque es incapaz de dejar de atender a todo aquel que lo reclame, Käthe sufre por aquellos que padecen la miseria, como decíamos, pero también por lo incierto de la vida y de un arte, el suyo, que saca adelante como puede, sin no pocas vacilaciones.

Fruto de este malestar que se extiende en el tiempo son asimismo ciclos de estampas como Guerra campesina (1903-1908), que lleva a cabo con la técnica del aguafuerte. Nuestra protagonista es una grabadora experta. Conoce el medio y las técnicas. Por ello se siente libre cuando afirma que no le gusta la obra gráfica de Durero; sobre ello anotará: “Su técnica de grabado me resulta desagradable, así como su percepción de la forma, exageradamente subjetiva”.

KÄTHE_KOLLWITZ_02

Kathe Kollwitz

"La Viuda II" Kathe Kollwitz - 1922

“La Viuda II” Kathe Kollwitz – 1922

Tampoco entiende a los expresionistas. Algo más fácil de entender: existe entre ellos y Kollwitz lo que se ha dado en llamar brecha generacional. “La juventud tiene el derecho de mirar al futuro con ojos llenos de fantasía, al igual que los que ya no son jóvenes tienen el derecho a reírse de los valores ilusorios de los más jóvenes y a apartarse de ellos para ocuparse de sus cosas más maduras”.

Antes de que su hijo Peter muera en el frente, llegará a considerar el aspecto positivo de la vida. “La vida no está tan mal”, anota en un momento de lucidez. Pero el terrible acontecimiento volverá a sumirla en una desesperación dolorosa y, lo que es peor, duradera.

Para evitarlo se refugiará en su trabajo, en el que persiste, y en la lectura: en las páginas de El Libro de Samuel o en las de Tolstoi o Goethe, casi siempre Goethe. Aun así, se dirige con frecuencia a su hijo muerto en estas páginas. Necesita seguir teniéndolo presente como en los viejos tiempos. A los momentos de aceptación, de asunción de que su hijo cumplió con su deber, le siguen los de la certidumbre de lo absurdo de toda guerra.

KÄTHE_KOLLWITZ_04

La marcha de los tejedores. Kathe Kollwitz

“He terminado un dibujo: la madre que deja deslizar en sus brazos a su hijo muerto. Podría hacer cien de esos dibujos y ni siquiera así podría aproximarme más a él. Le busco. Como si tuviera que encontrarlo en el trabajo. Y, no obstante, todo lo que puedo hacer es tan puerilmente débil e insatisfactorio. Siento oscuramente que podría lograrlo, que Peter está en el trabajo y que le podría encontrar. Pero al mismo tiempo la sensación de que ya no puedo. Estoy demasiado destruida, debilitada, exhausta”.

Pese a todo, como tantas veces ocurre, la vida también siguió para Käthe Kollwitz. Lo hizo mientras trabajaba en sus estampas o en sus esculturas, aprendiendo nuevas técnicas (la litografía se le resistía), pergeñando nuevos dibujos, nuevas obras. Ahuyentando a la muerte, en definitiva, esa a la que siempre tuvo tan, tan cerca.

KÄTHE_KOLLWITZ_05

Bread. Kathe Kollwitz

 

 

Deja un comentario