Arte, Reflexión, stories, Wunderkammer
Leave a comment

ENTENDER LA PINTURA, SEGÚN JOSÉ SABORIT

José Saborit (Valencia, 1960) es pintor, académico y docente (catedrático) en la facultad de Bellas Artes de San Carlos en la UPV. A ello hay que sumarle su faceta de escritor, bien como ensayista (es autor de libros como Retórica de la pintura), bien como poeta (La misma savia o Carta al hijo), una faceta, esta última, más reciente que da a conocer tras su amistad con otros colegas (todos ellos representantes de la llamada “poesía de la experiencia”) como Vicente Gallego, Carlos Marzal o el ya fallecido Miguel Ángel Velasco. 

Lo que la pintura da (Pre-Textos, 2018) es el último de sus ensayos. En él ha recogido un buen número de entradas (ciento cincuenta, exactamente) en las que da cuenta de aspectos propios del proceso de la pintura: desde cuestiones como el encuadre (“puede ocasionar adhesión o repulsa” en el espectador), la copia o la pintura de fotografía (de esta dirá que es un “instrumento peligroso, un arma de doble filo”) a otras -digamos- más personales en las que aparece con mayor nitidez el autor, como en, verbigracia, la entrada que dedica a una de las obras de la neoyorquina Joan Mitchell, pintora de la segunda generación de la Escuela de Nueva York que vivió durante parte de su vida en Francia y de la cual pudimos ver una retrospectiva en el IVAM hace ya unos años, tras su encuentro en el MoMA.

DXI_SABORIT_04

Lo que la pintura da (Pre-Textos, 2018)

 

DXI_SABORIT_06

© José Saborit

El libro de Saborit, destinado en un principio a sus colegas pintores, hace partícipe desde el primer momento al lector que siente interés por el hecho pictórico. Así actúa cuando amplía su definición habitual de “pintor” y la hace extensible hasta aquel que “mira como otro pintor”. Algo muy distinto a lo que hemos sentido cuando hemos abordado las obras canónicas de Ramón Gaya (El sentimiento de la pintura; Velázquez, pájaro solitario); el murciano le deja claro al lector, desde el primer momento, que el hecho pictórico sólo se puede entender desde la propia práctica; al resto le queda vedado su entendimiento.

De este modo, José Saborit propicia la complicidad con su lector, lo acerca a sus presupuestos, lo abraza incluso con alguna de sus confidencias. Por añadidura, nos resulta aún más creíble cuando, erigiéndose en portavoz de la profesión, ejerce la autocrítica (no todas las obras, ni mucho menos, son buenas, nos dirá). Antes habrá avisado al aspirante a pintor de la necesidad de buscar a sus ancestros para poder formar parte de una familia que lo aliente y lo guíe. Lo que, en otro contexto, Jiménez Lozano ha definido como “familia espiritual”. El pintor, como cualquier otro creador, no sólo se nutre -en absoluto- de pintura.

El resultado de estas ciento cincuenta entradas es un libro que se lee con amenidad. Resulta ligero: uno puede empezar a leerlo por cualquier página abierta al azar. Su lenguaje resulta preciso (en ello se beneficia de la vertiente literaria del autor) y sencillo a un tiempo.

DXI_SABORIT_02

© José Saborit

DXI_SABORIT_03

© José Saborit

DXI_SABORIT_05

© José Saborit

Lo que da la pintura no ha de defraudar a quienes acudan a él buscando aproximarse al hecho pictórico (“más como proceso que como fin, más como acontecer que como acontecimiento”). De hecho, nos parece una muy buena introducción. Porque, efectivamente, la pintura no sólo no ha muerto: está muy viva, tal y como este libro demuestra. Lo que la pintura da. José Saborit (Pre-Textos, 2018 – 280 páginas)

Deja un comentario