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CONVERSACIÓN ENTRE IBÁN RAMÓN & RAÜL CLIMENT

Ibán Ramón (Valencia, 1969). Diseñador. & Raül Climent (Alcoi, 1979). Diseñador.

Raül: Desde hace décadas el sector del Diseño gráfico anda revuelto con la idea -que parece coger no una sino múltiples formas- de una Crítica del diseño. Aunque aún no está claro cómo debería ser, ni por parte de quiénes, son muchas las voces que reclaman una disciplina crítica desde dentro, como ocurre en la arquitectura, el cine o en la gastronomía. Pero parece que esta pulsión está adormecida en el estado español. ¿Es posible una Crítica del diseño gráfico en España? ¿Qué ha de pasar en un sector como éste para que se construya un discurso crítico? ¿Sirve de algo? 

Ibán: No sólo creo que ejercer la crítica en el diseño es bueno y necesario, también es inevitable. La actividad como tal es todavía joven como para que sean muchos los profesionales que además de ejercerla se dediquen a la crítica, pero todo llegará… En el diseño, la crítica y la reflexión son consustanciales a la actividad, como ocurre en las disciplinas que nombras. Lo que hace falta es que la crítica se haga pública, que sea accesible y se difunda. No creo que esté adormecida. Hay revistas especializadas y algunas editoriales que lo han hecho bien. Lo que me parece es que la crítica aún es poca, pero claro, también habían sido pocos los profesionales, pocas las escuelas, etc. La cosa está cambiando rápidamente: la proliferación de profesionales y la diversidad de perfiles hace que algunos tengan como principal interés la docencia, la crítica o la investigación. Otra cosa es la presencia y la difusión de textos críticos en medios no especializados. ¿Cómo ves tú la necesidad de que el diseño esté presente en medios generalistas? Ya empiezan a darse casos, todavía pocos. ¿Crees que son suficientes? ¿Qué opinas sobre el tipo de artículos y su enfoque habitual en estos pocos casos? ¿Crees que podrían mejorarse?

Iban y Raul conversando en

Ibán Ramón & Raül Climent.

Raül: Para mí es un buen punto observar qué ha ocurrido con otras disciplinas, en las que se ha pasado de la crítica especializada a la crítica de corte más generalista. Pongamos por ejemplo la gastronomía. Es evidente que en los últimos años la gastronomía en España ha tenido un empuje más que considerable, en gran parte gracias a la crítica y como consecuencia de ésta. Primero desde dentro del sector y luego desde medios generales. Y aunque es cierto que corre el riesgo de banalizarse, de convertirse en un simulacro, sirve para que el público general se construya un criterio (¿Acaso no es éste el fin último de la crítica?). Hoy en día, gran parte del público ha adquirido un cierto nivel de conocimiento que los ha hecho más exigentes y capaces de hacer valoraciones, y con un posicionamiento frente a las diferentes tipologías de cocina. Pero parece que el diseño en nuestro país no se encuentra en ese punto, y creo que la causa no se deriva de la madurez de nuestra profesión sino de su posicionamiento erróneo a nivel social y cultural. Nadie duda que gastronomía, cine o arquitectura son, además de negocios y sectores empresariales, cultura. El diseño español parece encallado bajo la letra escarlata del “valor añadido”, el aditivo para embellecer productos y marcas. Creo que mientras esto sea así, mientras los argumentos sean cuantitativos y no cualitativos, será difícil una Crítica del diseño gráfico que sirva para hacer crecer el sector. Aunque como tú bien dices, existen hoy honrosas excepciones por las que ser optimistas.

Ibán: Pues sí, y ya que has tocado el tema de la cocina, se me ocurre que con el diseño gráfico tan extendido en todos los niveles (ya todos usamos herramientas informáticas), a lo mejor se necesitan programas tipo Arguiñano, ¿te imaginas? Eskenazi comentando: “A este símbolo le quitamos detalles, lo dejamos simplificadito y nos queda rico rico” o “Este logotipo casi lo dejamos en Helvética porque total, para no decir nada mejor no lo aliñamos demasiado”. Al final, nos guste o no a los diseñadores, mucha gente ajena a la profesión diseña de vez en cuando. Bien sea porque el asunto en cuestión no irá muy lejos, o porque no tiene presupuesto o porque no tiene dos dedos de frente. El caso es que me da a mí que un mínimo de formación en la materia nos vendría bien a todos. Igual que se nos enseña a escribir, aunque no lo vayamos a hacer profesionalmente. Mejoraría mucho el “paisaje”, y ayudaría también a entender y respetar nuestro trabajo un poco más. Por cierto, a ver cuándo quedamos a comer una paella o algo. En el Palmar estaría bien, ¿eh?

Raül: A mí la idea de una formación básica en temas relacionados con la comunicación gráfica, en tipografía, en herramientas y recursos, siempre me ha parecido bien. Algo superficial, claro está; lo necesario para poder comunicar ideas de forma visual con un mínimo de “léxico”, con una “gramática” correcta. Hace tiempo vi -no recuerdo en qué programa de televisión- una entrevista a Juan Luis Arsuaga, Director del Museo de la Evolución Humana, en Burgos, y comentaba algo que me interesó mucho. Decía que la evolución nos ha llevado a perfeccionar nuestra capacidad de expresión no verbal: nuestros ojos tienen iris pequeños y es fácil señalar con la vista, nuestros músculos faciales nos permiten expresar emociones sin necesidad de articular ni una sola palabra. Pero lo más interesante que dijo fue: «Cómo de importante será la comunicación visual, que cuando no la tenemos, ahora que nos comunicamos a través de las redes de forma no presencial, hemos necesitado desarrollar un sistema de iconos, de pictogramas que le dicen al otro si estamos tristes o enfadados». En general, creo que la gente no es consciente de que el lenguaje gráfico es importante -nadie pondría en duda la importancia del correcto uso del lenguaje verbal-, y más aún en nuestro entorno sociocultural, donde vivimos rodeados de tantos inputs visuales, a veces de forma obscena. Así que si el panorama mejora con un talkshow, ¡bienvenido sea! Aunque sólo sea por ver a Mario Eskenazi maldecir una mala elección tipográfica, como sólo los argentinos saben hacer. Eso sí, luego nos deberíamos hacer a la idea de que los clientes nos dirían cosas como «¡Pshe!… a mí los remates de esa romana no me acaban de convencer». Personalmente no sé si estoy psicológicamente preparado para eso. Mejor vamos a tomarnos esa paella y lo acabamos de perfilar.

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