Reflexión, Wunderkammer
Leave a comment

ARTE COMO TESTIMONIO DE LA MISERIA HUMANA

Francisco Agramunt (Valencia, 1948) es autor de Arte en las alambradas (Publicacions de la Universitat de València, 2016), un pormenorizado estudio sobre los artistas españoles que tuvieron que exiliarse tras el fin de la guerra civil española. ¿Cómo surge el tema de este estudio? Tenía escrita mi segunda tesis doctoral titulada El exilio artístico republicano español y publicado mi libro Arte y represión en la Guerra Civil en los que dedicaba partes significativas a historiografiar la represión y a describir la presencia de los  artistas que pasaron por los campos de concentración franceses y de exterminio nazis. Me planteé la posibilidad de ampliar estos capítulos en forma de un libro y de esta manera surgió Arte en las alambradas que estaba centrado en la presencia de los artistas republicanos en los campos de concentración franceses, en los de exterminio nazis y en los gulags soviéticos.

Se trata de tirar del “ovillo” de la memoria histórica y recuperar una parte inédita y desconocida de la historiografía artística española más escabrosa y desconocida del siglo XX. Han sido muy pocos los autores e investigadores que han abordado esta parte olvidada de nuestra historia artística debido principalmente a la escasez de documentación, testimonios de los protagonistas y datos.

DXI_FranciscoAgramunt00

Francisco Agramunt

DXI_EduardoMuñozOrts00

Eduardo Muños Orts

DXI_FranciscoAgramunt01

Arte en las alambradas (Publicacions de la Universitat de València, 2016)

DXI_FRANCISCOBOIX00

Construcción de un muro en Mauthausen a comienzos de 1941. En primer término, dos deportados españoles. Foto: Francisco Boix

DXI_FRANCISCOBOIX01

Un jovencísimo Francisco Boix

DXI_FRANCISCOBOIX03

Francisco Boix en mauthausen a su llegada

DXI_FRANCISCOBOIX05

En mauthausen. Foto: Francisco Boix

A un historiador como usted cabe preguntarle si le ha llevado mucho tiempo la heurística; es decir, la investigación previa para recabar fuentes y estudios. El gran problema que he tenido ha sido localizar testimonios primigenios, pues la mayor parte de los protagonistas murieron y el contacto con sus herederos y familiares ha sido difícil ya que muchos de ellos se exiliaron a diversos países europeos y latinoamericanos. A pesar de ello he conseguido muchos datos de estos artistas y fotografías inéditas, algunas de las cuales ilustran el libro. Para conseguir documentarme realicé varias visitas a los campos de concentración franceses del sur de Francia y también a los campos de exterminio de Alemania, Austria y Polonia, concretamente a los de Auschwitz y Mauthausen, donde conseguí información de primera mano.

¿Se ha llevado alguna sorpresa durante la investigación? Para los creadores plásticos, confinados en estos siniestros lugares donde morían víctimas del hambre, enfermedades, palizas y trabajos forzados miles de seres humanos, no parecía el escenario propicio para elaborar obras de arte, y si lo hicieron se debió a un sentimiento de repulsa y rechazo encaminado a testimoniar las tendencias más destructivas y atávicas de la miseria humana. Prosperó entre ellos una necesidad de recrear como última opción que les quedaba las imágenes del terror como si se tratase de un acto final de rebeldía que les permitía devolverles la posibilidad de recuperar su dignidad, llevar a cabo una existencia plena, conseguir un germen de esperanza y liberarse de esa sensación de impúdico aburrimiento. Desde una perspectiva estética, la tradicional belleza dejó de ser una categoría al disociarse esquizofrénicamente de una realidad trágica, fea y escabrosa, hecha con zarpazos, sangre y muerte, que nos recordaba nuestra ruindad moral y el primitivismo atávico que nos retrotraía a los más primitivos instintos.

En los campos consiguieron recrear de esta manera, a escala menor, pinturas, dibujos, grabados, esculturas, maquetas, fotografías y objetos artísticos cotidianos, verdaderas metáforas visuales elaboradas con materiales muy humildes y elementales, como papeles, cartones corrugados, troncos de árboles listones, piedras de granito, cantos rodados, planchas y alambres de hierro, trozos de lona y tela, de gran valor documental y prodigiosamente ejecutadas, sin apenas herramientas, que permitieron conocer los aspectos de la vida concentracionaria desde diversos ángulos.

Afloraron obras personales hechas ajenas a las modas y a las exigencias normativas o academicistas, de gran contenido literario, y caracterizadas por un afán de esquematización, de síntesis y rigor, sin florituras, surgidas del abismo más desgarrado de la interioridad. Muchas de estas piezas consiguieron salvarse después de la guerra al ser ocultadas en los barracones, enterradas o sacadas clandestinamente de los campos. Este fue el caso de las fotografías tomadas por los fotógrafos republicanos en el campo de exterminio de Mauthausen que consiguió poner a buen recaudo fuera de sus instalaciones él fotógrafo catalán Francisco Boix, quien al final de la contienda testimonió contra los nazis en el juicio de Nuremberg y al que el próximo verano se le dedica un homenaje póstumo en París.

DXI_JOSEPRENAU00

El pueblo en armas 1936. Josep Renau

DXI_JOSEPRENAU01

© Josep Renau

Ha recogido una amplia nómina de artistas exiliados… Entre los artistas que pasaron por los campos se encontraban Josep Bartoli. Josep Aguilera, Antonio García Lamolla. Albert Santmarti, Ramón Mila, Pablo Vecino, José Antonio Ramón Parra, Manuel Camps, Francisco Bajen, Jaime Cañameras, Orlando Pelayo, Rodolf Jauria, Eduardo Muños Orts., Ángel López Obrero, Pedro Flores, Pedro Creixam, Inocencio Burgos, Antoni Clavés, Balbino Giner García, Gabriel García Maroto, Ángel Ferrant, Manuel Colmeiro, Luis García Gallo. Antonio Camarón, Pere Calder, Salvador Soria, Pau Roig, Pablo Salen, Luis Bagaria, Francisco Forcadell, Pio Fernández Cueto, José García Álvarez, Juan Estelles, María Luisa Fernández, Fernando Teixidor, Francisca Rubio, Luis Quintanilla, Mariano Otero, Juan Hurtado, Arturo Bladé, Juan Nuri, Francisco Boix, Antonio de Guezala, Rogelio Martin, Josep Escoda, Jaume Passarell, Fernando Rahola, Manuel Gallur, y un amplísimo etcétera”.

¿Destacaría alguno de los casos expuestos por anómalo o, al contrario, como ejemplo de lo que les ocurrió a nuestros artistas exiliados? Muchos de los artistas republicanos que pasaron por los campos de concentración franceses durante la ocupación alemana pasaron a integrarse en los grupos de la resistencia que combatieron contra nazi y más tarde se incorporaron al maquis español tratando de desalojar del poder a Franco en los años cuarenta y cincuenta. Igualmente algunos de estos artistas después de su paso por estos terribles campos se incorporaron como soldados voluntarios en el ejército francés, las unidades de la Legión Extranjera y en  las fuerzas regulares de la Francia Libre.

Sorprendía conocer que un buen número de los 150 republicanos que formaron parte de la Novena Compañía blindada del General Leclerc que liberó Paris en 1944 eran de profesión arquitectos, dibujantes, pintores y fotógrafos. Pero también entre los artistas republicanos se dieron casos de colaboracionismo con los nazis como fue el caso del dibujante, cartelista y pintor Carles Fontseré, autodeclarado y reconvertido nacionalsocialista y admirador de Hitler que, por cierto, una vez regresado del exilio americano fue homenajeado y condecorado por el Gobierno Catalán… Paradojas de la Historia.

DXI_JOSEPRENAU02

© Josep Renau Mr. Clip, Serie The American Way of Life nº8 1953

DXI_JOSEPRENAU03

© Josep Renau

DXI_JOSEPRENAU04

© Josep Renau

DXI_JOSEPRENAU05

© Josep Renau

DXI_JOSEPRENAU06

© Josep Renau

DXI_JOSEPRENAU07

© Josep Renau

Deja un comentario