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SEMANA DE LA MODA DE PARÍS / PRIMAVERA-VERANO 2017

De la semana de la moda de París se deduce que ha habido un bache, replicable y expansivo al resto de las semanas de la moda internacionales. Si bien es cierto que en temporadas precedentes hubo un alto nivel de exposición creativa, orquestado por un lado, por las nuevas direcciones en grandes casas de costura (como la de Guillaume Henry para Nina Ricci, Demna Gvasalia para Balenciaga, Jonathan Anderson para Loewe) y por otro, por los nuevos nombres en el calendario, de remarcada herencia “margielana” (Jaquemus, Vetements), ha habido propuestas, o mejor dicho, guiños interesantes.

Como viene siendo costumbre desde ya hace unos años, el calendario se ve asediado por nuevos nombres que se afianzan (cantera, en algunos casos, de los prestigiosos concursos de talentos de la costura, como el del festival de Hyères o el del grupo LVMH). Wanda Nylon, Lutz Huelle, Vejas, Jourden, Off White son algunos ejemplos. Otros nombres foráneos que se afianzan en el semana parisina son Alessandra Rich, Esteban Córtazar y Johanna Ortiz. Esta edición vino marcada por la pérdida de Sonia Rykiel, el archivociferado cambio de dirección en la casa Dior, en manos ahora de la ex-Valentino Maria Grazia Chiuri, el aterrizaje de Bouchra Jarrar chez Lanvin, la nueva mano de Vaccarello en Saint Laurent y la vuelta oficial del gran Jean Colona.

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© Balenciaga

LA SEMANA DE LA MODA Y TRES DE SUS GRANDES CASAS, BALENCIAGA, LOUIS VUITTON Y LOEWE. // La cuarta colección de Demna Gvasalia para Balenciaga es una repetición, siempre interesante y rupturista, de sus presentaciones anteriores. El legado visual de Martin Margiela siempre está presente en sus propuestas, la mayoría de las veces a modo de plagio al maestro, eso sí, con un estilo extracontemporáneo y post-soviético tan propio de Gvasalia. La colección Primavera-Verano 2017 de Balenciaga redunda en volúmenes deformantes e inversos: prendas exteriores (blazers, trenchs, cazadoras) con hombros exagerados que contrastan con partes inferiores ajustadas a golpe de medias ‘lycrosas’ y coloristas y que integran el zapato (recurso 100% maestro Margiela).

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© Balenciaga

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© Balenciaga

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© Balenciaga

También se consigue este efecto con mini-vestidos y tops maxi-drapeados, que imprimen fuerza a la parte superior del tórax, a través de pliegues, repliegues y jaretas alrededor del hombro. Este volumen no deja de transmitir una esencia muy ochentera, siempre vigente entre las nuevas generaciones (y auspiciada por maxi-pendientes, evidentemente presentes en la colección, incluido el pendiente “cristal gafa de sol”).

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© Balenciaga

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© Balenciaga

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© Balenciaga

Destacan sus faldas de estructura asimétrica, los estampados “acid-pop” y las maxi-capas encapuchadas con efecto látex y charol.

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© Balenciaga

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© Balenciaga

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© Balenciaga

La esencia “metro barbès rochechouart”, tan Maison Margiela, se percibe en los bolsos estampados efecto ‘manta empaquetada’ adquirible en cualquier tienda marroquí del popular barrio parisino. Este guiño es correlativo a las propuesta anteriores de maxi bolsos tipo sac en plastique del Tati, tan icónicas en la zona. La otra opción son los maxi-bolsos tipo “puff”, accesorios en general que ya nada tienen que ver con los modelos de bolsos tan explotados comercialmente, emblemas de la casa Balenciaga hace 10 años.

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© Balenciaga

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© Balenciaga

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© Balenciaga

La propuesta de Nicolas Ghesquière para Louis Vuitton parece remontarnos al Ghesquière que revolucionó la silueta y la composición en su etapa chez Balenciaga. Si en Vuitton Ghesquière ha echado mano de su lado más “costurero ergonómico”, en esta nueva propuesta apuesta por una seductora línea de desajustes, combinaciones y recuadres que nos remontan a unos ochenta extremadamente vanguardistas.

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

Ante siluetas cerradas y legibles a un primer golpe de vista, reaparecen ante nuestros ojos, a modo trompe d’oeil, trajes sastre desarticulados con cortes que se ajustan en una armonía desestabilizante, vestidos con aperturas inconclusas que dinamizan el volumen y las calidades, pantalones binominales de cinturilla elástica desgastada y cinturón faldón, tops polimorfos y multitexturizados, etc…

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

Destaca la micro-colección de vestidos de composición múltiple, entremezclando diferentes calidades y estampados, donde el juego de la silueta viene marcado por las transparencias.

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

A pesar de sus volúmenes similares, el último vestido que cerró la colección, en blanco y negro, fue el mejor resultado de tales sinergias volumétricas y compositivas, rematado con dos brazaletes que parecen remitir a los populares pendientes de las mujeres malienses.

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

La maestría de Nicolas trasciende a la concepción del conjunto: el maquillaje neutral saltea alternativamente, y a aquélla a la que le recae el efecto “ochentero” lo hace saber mediante un sombreado exagerado que asciende hasta las sienes; la peluquería, los accesorios, el calzado, todo está representado con una redondez estética impecable.

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

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© Louis Vuitton

Jonathan Anderson se afianza como cabeza creativa en Loewe en su ya novena colección. Su genio fresco y joven han colocado a la longeva casa española en el mapa internacional de una manera contundente, logrando lo que los anteriores directivos de arte no consiguieron. Hoy en día Loewe se codea en primera línea con la expectación que generan casas como Vuitton, Balenciaga, Gucci o Céline. El binomio entre tradición y la visión archivanguardista de Anderson dan como resultado un producto de una sutiliza exquisita, sublime y contemporánea. Exceptuando algunos giros excesivos que a veces derrapan, las propuestas de Anderson siempre aportan una riqueza discursiva al lenguaje de la costura. En esta nueva colección, la rusticidad de los elementos parecen subrayar la idea de una artesanía que no renuncia a la contemporaneidad del sector, sino que comulgan y encuentran su anclaje perfecto. Destacan los tejidos de aspecto natural, como el lino, austero, sin matices, de superficie texturizada y árida, pero no por ello menos noble. Los acabados deshilachados y remates a “hilo contraste” acentúan este interés por el material, por lo grandeza del tejido base: la austeridad, lo tangible, lo bello por naturaleza se eleva hasta el colmo del chic, en una colección muy couture.

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

Por momentos aparecen guiños a aquellos creadores de la costura matérica y poética de los 80, como Miyake, con sus tejidos plisado que Anderson despliega por toda la colección, o como Romeo Gigli, en esos looks de superposiciones de volúmenes amplios y tejidos rústicos, abullonados y monocromos.

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

El patchwork, los pompones, los acabados “enroscados”, los detalles tipo trenzado, los fruncidos, los riveteados, flecados, los maxi-accesorios (pendientes chamánicos y maxi-pulseras botánicas), el calzado biforme, y así un largo etcétera, hacen de esta colección un excelente ejercicio de maestría creativa y conceptual.

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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© Loewe

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