dximagazine, dxistories, Reflexión

HUELLAS. MUTACIONES ENTRE EL DISEÑO Y EL ENTORNO

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado. “Proverbios y Cantares” en Campos de Castilla.

NMC_0103

Comienzo mi reflexión con estos singulares, aunque algo trillados, versos de Machado que podrían interpretarse como una invitación a vivir el presente, a caminar mirando hacia el futuro, a caminar para componer un pasado enriquecedor. Cada paso conforma nuestro camino y, en cierta medida, nuestra identidad.

Al hablar de una identidad en movimiento, no se puede evitar hacer referencia a la obra de Zygmunt Bauman. Este sociólogo expone que estamos inmersos en una modernidad líquida, un mundo en el que prima el cambio, la transitoriedad. No hay nada que consolide permanentemente nuestra identidad, no hay tiempo para el estatismo; es en este contexto donde creamos y “re-creamos” nuestra identidad continuamente. Sin embargo, no es sencillo; debemos inventarla, buscarla, construirla… y todo esto rápidamente, en un movimiento incesante, en una mutación sin fin. En este mundo de liquidez, el lugar de nacimiento ya no es legitimador de un destino compartido. La globalización, ayudada por las nuevas tecnologías, permite conexiones con el resto del planeta. Entonces, ¿significa esto que el espacio físico o entorno natural ya no configura nuestra identidad?

El entorno natural deja huella en el entorno artificial. Mutaciones objetuales. Veamos algunos diseños en los que, de una manera u otra, el territorio (o el “origen” identitario) está presente. Comenzaré con dos jarrones realizados por Martín Azúa en diferentes periodos.

“Mancha Natural” es una reflexión sobre la ornamentación, conseguida a partir de la colonización de musgo y líquenes en recipientes de cerámica porosa dejados en lugares naturales. “Jarrón con piedra”, como su propio nombre indica, es un jarrón de barro deformado por una piedra proveniente de la Costa Brava o de Opakua (País Vasco). En palabras de Martín Azúa, estos jarrones interactúan con la piedra en su fase plástica para crear una pieza única. Otros recipientes que también tienen la huella del entorno, en este caso explícitamente, son “Reserved Volumes” de Mischer Traxler. Se trata de unos cuencos que se crean a partir de la presión provocada por diferentes hortalizas u hojas sobre una resina tintada (el cromatismo mimetiza dichos elementos naturales). También me gustaría destacar “Nosos Bosques”, de Ángel Plaza, un packaging de vino que reutiliza madera proveniente de bosques incendiados, aportando una visión reivindicativa.

NMC_0101

NMC_0102

NMC_0104

NMC_0105

NMC_0106

Para finalizar he elegido “The idea of a tree”. Mischer Traxler presenta una máquina solar que produce muebles cuya forma y color están condicionados por la cantidad de luz solar disponible durante la fabricación. Así, en invierno los objetos resultantes serán más cortos o pequeños que en verano. Además, cuanto menos sol haya, la capa será más fina y los colores más oscuros, y a la inversa. En este apartado hemos visto diferentes mutaciones: ornamentales mediante la “colaboración” de elementos vivos; físicas como el “Jarrón con piedra” o “Reserved Volumes”, e incluso lumínicas en el caso de “The idea of a tree”. Transformaciones que provienen del entorno natural y que se apropian del entorno cercano, cotidiano. Metamorfosis que -indirectamente- nos afecta, pues el entorno objetual no deja de ser una extensión de nosotros mismos.

NMC_0502

NMC_0501

El entorno natural deja huella en nosotros. Mutaciones humanas. ¿Puede el entorno natural mutarnos directamente? Desde el punto de vista antropométrico, uno de los factores de variabilidad humana es el factor racial o territorio de origen. Evidentemente, las diferentes ubicaciones geográficas tienen características diferentes (clima, fauna, flora, etc) que definen cuestiones como la dieta, las costumbres o el estilo de vida. Así, es posible afirmar que el espacio o entorno afecta en el desarrollo físico y dimensional de la persona.

Si damos un salto cualitativo hacia el terreno especulativo, encontramos algunas propuestas realmente impactantes, como las que se han podido ver en una de las últimas exposiciones del CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona), titulada “+Humanos. El futuro de nuestra especie”. Entre dichas propuestas destacaré “El increíble hombre menguante”, de Arne Hendriks, que reflexiona sobre la reducción de la especie humana a una altura de 50 cm con el objetivo de adaptarse al medio necesitando menos energía, menos alimentos, menos espacio… ¿cómo sería una humanidad menos dominante y con menos necesidades de consumo?, se pregunta Hendriks. Otra obra, en este caso de Agatha Haines, es “Transfiguraciones”, un conjunto de cinco esculturas que representan a bebés con modificaciones corporales implantadas quirúrgicamente, donde cada alteración pretende solucionar una cuestión determinada (médica, social, etc). Por ejemplo, Thermal epidermiplasty, una extensión de la piel que favorece la disipación del calor y que puede ser útil frente al calentamiento global del planeta. En este contexto, surge una cuestión fundamentalmente moral: ¿nos someteríamos a mutaciones artificiales (quirúrgicas o genéticas) para mejorar?

En fin, ya lo dijo Darwin: el ser humano, junto con todos los seres vivos, es el resultado de la evolución y de la selección natural, un proceso indudablemente marcado por el entorno. Así pues, se desprende que somos el resultado de unas condiciones determinadas y que formamos parte de un proceso inacabado, en constante evolución, en continua mutación.

NMC_0301NMC_0601

Nosotros dejamos huella en el entorno. Mutaciones creadas. Lo primero que viene a la mente al leer este título es la enorme huella medioambiental que el ser humano está generando en el planeta. Sin embargo, no basaré mi discurso en las repercusiones directas y actuales, por ser una cuestión demasiado amplia como para ser estudiada aquí con detalle, sino en algunas propuestas que reflexionan o miran hacia el futuro.

Ron Arad, con su “Bouncing Vase”, se posiciona frente a los muchos objetos que nos rodean y a la globalización de éstos. Arad plantea la posibilidad de crear piezas únicas: el cliente visualiza un video y decide el momento de producción (impresión 3D) de su jarrón que, además, será irrepetible. Así, cada vez más, el ser humano quiere participar activamente en la producción.

NMC_0801

NMC_0802

Una tendencia cada vez más extendida es el DIY (Do it Yourself). La situación actual, tanto a nivel medioambiental como económico, ha propiciado el interés por la producción propia y descentralizada, existiendo innumerables propuestas al respecto. Una de ellas es “Makea Tu Vida”, una asociación de carácter social y educativo que se articula en torno al diseño abierto, la reutilización y la comunicación. Un ejemplo de su labor es “Mobiliario Nómada II”, un taller en el que este colectivo, conjuntamente con usuarios de un comedor social y alumnos de una escuela de arte, crearon diez prototipos funcionales destinados principalmente a viviendas de acogida.

A continuación, traspasaremos el horizonte objetual para ver cómo estas nuevas maneras de ver y entender el mundo se llevan a cabo a nivel espacial o territorial. Ezio Manzini, en su último libro, “Cuando todos diseñan. Una introducción al diseño para la innovación social”, sugiere un nuevo contexto proyectual en el que prima la conexión, la cooperación y la hibridación. Manzini propone una nueva ecología territorial que ve el planeta no sólo como algo para ser utilizado, sino como un lugar con historia e identidad propia. Uno de los ejemplos que describe Manzini es “Coltivando”, un huerto comunitario iniciado por un equipo de estudiantes y docentes del Politécnico de Milán en colaboración con los vecinos del barrio. Esta intervención consiguió transformar una zona fronteriza en un terreno con mucha actividad donde la comunidad participante enriquece su experiencia social, además de cultivar sus frutas y verduras. En la misma línea está “Shareable”, una plataforma que sirve para conectar personas o ciudades interesadas en compartir y que se centra en un movimiento social que contribuye a beneficiar el medioambiente, a desarrollar sentimiento de pertenencia, a generar modelos alternativos de riqueza mediante el acto de compartir y a favorecer la cohesión social. Este nuevo modelo de ciudad es inclusivo, cada ciudadano se siente parte del conjunto, potenciando su aporte a la comunidad.

Concluyo este artículo con la certeza de que el ser humano es mutante, al igual que su entorno natural y artificial: todo cambia. El reto es que estas mutaciones se produzcan bajo la comprensión de nuestra identidad y el respeto hacia nuestro planeta. Lo importante no es el destino sino el camino que se hace al andar, las huellas que vemos con orgullo al volver la vista atrás.